Las finanzas éticas y las referencias actuales de la Doctrina Social de la Iglesia

La crisis financiera, las finanzas éticas y las actuales referencias de la Doctrina Social de la Iglesia

En ocasión de celebrarse las Jornadas «Unas finanzas orientadas al bien común», en Barcelona el 19 de abril de 2013, organizadas por Justícia i Pau – Cristianisme i Justícia, Mons. Mario Tosso, Secretario General del Pontificio Consejo Justicia y Paz, pronunció una Conferencia (publicación y video, partes 1/2 y 2/2), de la que se seleccionan algunos párrafos, que se consideran esclarecedores respecto de esta cuestión:

El Bien Común pide un conjunto de condiciones sin las cuales no es posible lograrlo. Leer más...

Para que sea Bien Común se necesitan condiciones sociales, económicas, jurídicas, religiosas y culturales que permitan a las personas individualmente, a los grupos, a las familias y a los pueblos la realización de su plenitud humana integral. Entre estas condiciones de posibilidad del Bien Común se encuentran también las condiciones financieras y monetarias.

En el documento que elaboró el Pontificio Consejo «Justicia y Paz» sobre este tema el año 2011, los sistemas financieros-monetarios no fueron demonizados. Todo lo contrario. Se definieron como «bienes públicos»1. Sin estos «bienes públicos», es decir sin sistemas financieros y monetarios estables, estructurados éticamente, no se puede aspirar ni a realizar el Bien Común de la familia humana, ni a alcanzar un desarrollo sostenible para todos los pueblos…

El dogma del corto plazo. Leer más...

Hasta ahora se ha propiciado el surgimiento de un capitalismo financiero especulativo y desregulado, que ha absolutizado el dogma de la ganancia en el más corto tiempo posible. El capitalismo financiero especulativo y desregulado ha terminado por superar el capitalismo más tradicional, dedicado a financiar la economía real: las empresas, las familias, las comunidades locales, etc. Como resulta del análisis de la crisis actual, el capitalismo desregulado y financiero ha provocado una crisis en la economía real, llevándola hacia la recesión y la desestructuración. Las “finanzas sombra” –es decir, las finanzas fuera de la luz de toda normal jurisdicción– han alcanzado en volumen a la actividad financiera regular.

Ante esto, la autoridad política nacional, en cierto modo, se ha lavado las manos, declarando la imposibilidad de poder controlar la situación, ya que los nuevos procesos transnacionales escapaban a su competencia y, por tanto, a su capacidad de incidencia. Por tanto, de ello se deduce que otra causa de la actual crisis es seguramente la carencia de una acción por parte de instituciones globales. Las finanzas, convertidas en una realidad global, supranacional, para ser reglamentada de manera eficaz, necesitan de instituciones reguladoras igualmente globales. A problemas globales deben corresponder instituciones globales.

La devaluación del trabajo. Leer más...

Vinculada a la idea de la exaltación del capitalismo financiero, que tiene como objetivo la ganancia a corto plazo, es también la devaluación del trabajo. éste es considerado marginal respecto de los mecanismos financieros y monetarios. ya no es considerado como el principal factor en la producción de la riqueza. El dinero se hace con dinero, invirtiendo principalmente en actividades especulativas.

De acuerdo con la Doctrina social de la Iglesia, en cambio, el trabajo no es un bien menor para la persona sino que es un bien fundamental, primario, porque a través de él nos humanizamos y socializamos. A través del trabajo es posible formarse y mantener una familia y dar el propio aporte a la realización del Bien Común y de la Paz.

Es necesario, pues, tomar conciencia de que estamos atravesando una crisis compleja y multidimensional. Esta crisis se manifiesta, en particular, en el plano económico y financiero pero se entrelaza, más aún, con una crisis política y éticocultural, que concierne a la mentalidad, al ethos, a los estilos de vida y a las instituciones. No es una crisis pasajera, de tipo coyuntural, como ya se ha señalado, sino que es una crisis de tipo sistémico. El profesor Stefano Zamagni la ha definido crisis de tipo entrópico, es decir crisis que no se puede resolver solo mediante modificaciones legislativas o con ajustes de tipo técnico –si bien estos son necesarios–, sino afrontando directamente la cuestión del sentido de las finanzas {Véase Stefano Zamagni, «Economia civile. La crisi in atto come crisi di senso», en Symposium, año III, nº 4 (2009), p. 5}.

La crisis actual, en efecto, es esencialmente una crisis antropológica y ética. Las finanzas están sobredimensionadas, hasta el punto de haber perdido su propia identidad y sentido, que es el de estar al servicio de la economía real, recabando y trasladando el dinero de los ahorros hacia donde es necesario a través de los créditos.

Respecto a las vías de solución, Mons. Tosso se refiere a que existe una vía, un escenario Leer más...

que representa la única posibilidad de salida segura. Consiste en potenciar los aspectos positivos de todas aquellas instituciones que han sabido resistir dentro del actual sistema capitalista desregulado y global (Nota 5. Ver transcripción de la nota más abajo). Nos referimos aquí, en particular, a las experiencias de los bancos éticos, del crédito cooperativo, del microcrédito, y de las microfinanzas. Estas realidades han sobrevivido en la gran tempestad de la crisis financiera global a pesar de su pequeño tamaño.

¿Por qué? Porque han sido fieles a criterios éticos y porque han permanecido ancladas en el territorio sirviéndolo. Pero evidentemente, un tal pool de empresas o industrias bancarias deber ser puesto en valor para que contagie al resto del sistema financiero y monetario –propenso a obedecer criterios utilitaristas–, estructurándolo éticamente.

En vista de ello es necesario repensar radicalmente el capitalismo contemporáneo, especialmente el relativo a las finanzas especulativas y desreguladas. Es aquí donde entra en consideración la propuesta de la Doctrina Social de la Iglesia.

Nota 5: Algunos han observado que la actual crisis financiera y económica no es completamente global, porque afecta solo a algunos países. China, por ejemplo, es citada como un país cuyo sistema económico y financiero no experimenta crisis alguna. Pero cuando aquí se habla de crisis global de los sistemas financieros y globales no se hace referencia únicamente a los fenómenos de la quiebra de los bancos o de las empresas, como ha sucedido en los Estados Unidos y en Europa, sino también a una forma de gestionar la economía y las finanzas que, si bien puede lograr a corto plazo algunas metas de crecimiento, estas son conseguidas a costa de los derechos de los trabajadores y de la democracia. Por tanto, no parece fuera de lugar hablar de crisis «global», es decir, de crisis que toca incluso a los países emergentes, cuya tasa de crecimiento económico es mayor a la de los otros, pero con deficiencias evidentes por lo que respecta al desarrollo social y civil.

La Doctrina Social de la Iglesia (= DSI), y, en particular, la encíclica Caritas in Veritate, Leer más...

propone que la actividad económica y financiera sea dirigida a la consecución del Bien Común, es decir de aquel bien del cual todos, pero también y sobretodo la comunidad política, debe hacerse cargo.

Para la DSI, la economía es actividad del ser humano, desde el ser humano y para el ser humano. y, por tanto, posee como fin último el desarrollo humano integral. La actividad económica no posee como única finalidad la de producir bienes y servicios con el menor dispendio posible de recursos, sino también el producir bienes y servicios útiles, de calidad, que contribuyan a alcanzar el Bien Común, y la realización integral de la humanidad.

A propósito de las actuales finanzas ¿qué dice la DSI? Leer más...

Benedicto XVI pide en la Caritas in Veritate (= CIV) que «Tras una mala praxis, que ha dañado la economía real, (las finanzas) vuelvan a ser un instrumento encaminado a producir mayor riqueza y desarrollo» (CIV n. 65). Toda la economía y todas las finanzas, no solo algunos de sus ámbitos, deben, en cuanto instrumentos, ser utilizados de un modo ético, a fin de crear las condiciones adecuadas para el desarrollo del ser humano y de los pueblos.

Los operadores financieros tienen el deber de redescubrir el fundamento ético de su propia actividad, y renunciar al abuso de aquellos instrumentos sofisticados, de los cuales podrían servirse para traicionar a los ahorradores (cf. ibid.). Es necesario evitar que el único motivo para el empleo de los recursos financieros sea especulativo y ceder a la tentación de buscar solo el beneficio a corto plazo, a expensas de la sostenibilidad de la empresa a largo plazo. Las finanzas deberán dirigirse al servicio de la economía real y a la promoción de iniciativas económicas también en los países en vías de desarrollo (cf. n. 40).

Para poder construir y proyectar mercados financieros y monetarios libres, estables, transparentes, democráticos y no oligárquicos, que sean útiles a la economía real y, por tanto, útiles a las familias, al trabajo, a los trabajadores, a las empresas y a las comunidades locales, ante el imparable crecimiento de la interdependencia mundial y de una recesión igualmente global, es urgente la reforma tanto de la Organización de las Naciones Unidas como de la arquitectura económica y financiera internacional, tal como afirma Benedicto XVI en la CIV (cf. n.67). De esta necesidad surgió el ya citado documento del Pontificio Consejo «Justicia y Paz», que ha intentado desarrollar una orientación práctica.(No es la primera vez que el Pontificio Consejo afronta temáticas relativas a la economía y a las finanzas. Ver en la publicación todas las referencias de documentos previos, Nota 7, pág. 8.)

Mas recientemente, el Papa Francisco, en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (El Gozo del Evangelio) también se refiere al dinero y a las finanzas desde una perspectiva ética en favor del ser humano:

No a la nueva idolatría del dinero Leer más...

55. Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial que afecta a las finanzas y a la economía pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo.

56. Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.

No a un dinero que gobierna en lugar de servir Leer más...

57. Tras esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios. La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la degradación de la persona. En definitiva, la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprometida que está fuera de las categorías del mercado. Para éstas, si son absolutizadas, Dios es incontrolable, inmanejable, incluso peligroso, por llamar al ser humano a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud. La ética –una ética no ideologizada– permite crear un equilibrio y un orden social más humano. En este sentido, animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: «No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos».(Nota 55: San Juan Crisóstomo, De Lazaro Concio II, 6: PG 48, 992D.)

58. Una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro, sin ignorar, por supuesto, la especificidad de cada contexto. ¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano.

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